Yo,
toro, ese animal que dibuja el horizonte de las carreteras españolas. Triste y
desgraciado símbolo de vuestra cultura.
¿Qué os
he hecho para que actuéis con tanta saña?
Me
criáis, me cuidáis y luego me dais la peor de las muertes. Decís que me
veneráis pero en realidad me maltratáis. Defendéis que os he dado mucho, que he
sido inspiración de escritores y pintores, arte, que probablemente sin mí no
hubiese existido, sin embargo eso no significa que lo que hacéis sea legítimo.
Cuántas obras de arte hay dedicadas a cruentas batallas o guerras que a nadie
le gustaría que se repitieran ¿verdad?.
Yo
tampoco quiero, no quiero que me uséis para vuestras luchas en las que yo no he
elegido participar, no quiero enfrentarme a hombres ni a caballos, no quiero
morir desangrado mientras los demás aplauden a mi alrededor.
Decís
que me respetáis y admiráis, ¿Cómo podéis decir eso? No hay respeto cuando me
obligáis a participar en espectáculos del horror, a volverme violento para
defenderme, y después alegaréis que soy un animal muy peligroso. No es justo.
Vosotros me sacáis de mi casa y me hacéis daño porque es el único modo para que
participe en vuestro “juego”. Me provocáis, buscáis mi lado salvaje, que en el
fondo no es más que mi forma de defenderme, porque probablemente si no fuese
así no “jugaría” con vosotros. No esperéis mi compasión cuando os haga daño, al
fin y al cabo es tu vida o la mía y yo NO he elegido venir aquí, tú me has
traído. No me uséis para mostrar al
mundo vuestra supuesta bravura, no os escudéis en tradiciones ancestrales ni os
justifiquéis en ideas manidas y rancias que no tienen ni pies ni cabeza, pues
ni me admiráis ni sois de admirar.
Os
equivocáis cuando afirmáis que si no tuviese esta vida no existiría, pues en
realidad os referís a vosotros mismos. El uso que me dais es vuestro beneficio
y para conseguirlo primero tengo que morir. No serviría de nada tenerme en el
campo tranquilamente, pues eso no es negocio, no es rentable. Vuestro fin es el
dinero, quizás la fama o el reconocimiento, no sé…pero desde luego vuestros
medios no son justificables.
En
muchos casos os engalanáis, os vestís de eso que llamáis “traje de luces”…luces para un
acto tan sombrío, tan macabro, tan negro…No lo llaméis fiesta, nada hay que
celebrar, no lo llaméis cultura, nada hay que aprender y sobre todo no digáis
que me amáis, no hay amor en vuestro (mal) trato. Llamadlo odio. La bestia que
llevamos dentro es vuestro reflejo, sois vosotros a quien hay que temer, pues
no hay animal más salvaje y peligroso que el humano.
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