domingo, 20 de septiembre de 2015

La bestia que llevamos dentro

Yo, toro, ese animal que dibuja el horizonte de las carreteras españolas. Triste y desgraciado símbolo de vuestra cultura.
¿Qué os he hecho para que actuéis con tanta saña?
Me criáis, me cuidáis y luego me dais la peor de las muertes. Decís que me veneráis pero en realidad me maltratáis. Defendéis que os he dado mucho, que he sido inspiración de escritores y pintores, arte, que probablemente sin mí no hubiese existido, sin embargo eso no significa que lo que hacéis sea legítimo. Cuántas obras de arte hay dedicadas a cruentas batallas o guerras que a nadie le gustaría que se repitieran ¿verdad?.
Yo tampoco quiero, no quiero que me uséis para vuestras luchas en las que yo no he elegido participar, no quiero enfrentarme a hombres ni a caballos, no quiero morir desangrado mientras los demás aplauden a mi alrededor.
Decís que me respetáis y admiráis, ¿Cómo podéis decir eso? No hay respeto cuando me obligáis a participar en espectáculos del horror, a volverme violento para defenderme, y después alegaréis que soy un animal muy peligroso. No es justo. Vosotros me sacáis de mi casa y me hacéis daño porque es el único modo para que participe en vuestro “juego”. Me provocáis, buscáis mi lado salvaje, que en el fondo no es más que mi forma de defenderme, porque probablemente si no fuese así no “jugaría” con vosotros. No esperéis mi compasión cuando os haga daño, al fin y al cabo es tu vida o la mía y yo NO he elegido venir aquí, tú me has traído.  No me uséis para mostrar al mundo vuestra supuesta bravura, no os escudéis en tradiciones ancestrales ni os justifiquéis en ideas manidas y rancias que no tienen ni pies ni cabeza, pues ni me admiráis ni sois de admirar.
Os equivocáis cuando afirmáis que si no tuviese esta vida no existiría, pues en realidad os referís a vosotros mismos. El uso que me dais es vuestro beneficio y para conseguirlo primero tengo que morir. No serviría de nada tenerme en el campo tranquilamente, pues eso no es negocio, no es rentable. Vuestro fin es el dinero, quizás la fama o el reconocimiento, no sé…pero desde luego vuestros medios no son justificables.

En muchos casos os engalanáis, os vestís de eso que llamáis “traje de luces”…luces para un acto tan sombrío, tan macabro, tan negro…No lo llaméis fiesta, nada hay que celebrar, no lo llaméis cultura, nada hay que aprender y sobre todo no digáis que me amáis, no hay amor en vuestro (mal) trato. Llamadlo odio. La bestia que llevamos dentro es vuestro reflejo, sois vosotros a quien hay que temer, pues no hay animal más salvaje y peligroso que el humano.

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