Uno nace, crece y según va creciendo va siendo consciente de que esa película en la que ha estado inmerso, llena de colores, risas y bienestar (en el mejor de los casos claro) se va convirtiendo en blanco y negro con toda su escala de grises. Entonces empieza otra película, la real. Por eso la adolescencia es esa etapa tan complicada. No se trata de tener acné, llevar aparato o estar medio desgarbado, se trata de cruzar la línea que separa los mundos de Yupi de la realidad. Así que imagina esos momentos, lo que has vivido hasta ahora está cambiando, hay que empezar a pensar en el futuro porque esos días de vivir en brazos se acaban.
¡El futuro! Eso es algo que asusta, ese tiempo lejano, tan inaccesible. Empiezan a preguntarte qué quieres ser de mayor y uno se queda mirando al infinito imaginando todo aquello que le encantaría ser, pero ¡Cuidado con lo que respondes! Quiero ser cantante diría alguno, pintor, quiero viajar por todo el mundo…¡¡Alerta roja!! Se pronostica un aluvión de críticas, risas jocosas y miradas desesperanzadas.
¿Pero tú te crees que eso es un futuro? Tú lo que tienes que hacer es estudiar (que no digo yo que no sea importante, que lo es) sacarte una carrera para el día de mañana tener un buen puesto, que donde hay patrón no manda marinero y cuando seas padre comerás huevos.
Así que punto número uno, al parecer en ese futuro no hay cabida para los sueños ni para fantasear con nimiedades…y luego que porqué esa rebeldía, ese desasosiego con el mundo, esa falta de ganas…hombre, te acaban de dar una bofetada de realidad, te han sacado de la cama calentita a la ducha fría, así, sin ir templando, pues normal que te rebeles.
Y a todo esto hay que sumarle las prisas, el tiempo que corre…en tu contra. Ahí estas tú con dieciocho años pensando qué guapo es Pepito, que el sábado es el cumple de Juanito, que esta canción parece hablar de mí, que quiero cambiar el mundo…chss, chss, chss que ¿Qué quieres estudiar? Que el tiempo apremia y tienes que elegir una carrera, así que venga, tic tac tic tac, ¡Piensa! Pero…¡Tengo apenas dieciocho! ¿Ya tengo que saber a ciencia cierta lo que quiero ser para el resto de mi vida?
PARA EL RESTO DE MI VIDA...produce la misma sensación que asomarse a un acantilado.
Prisas, todo hay que hacerlo con prisas porque al parecer hay que dejar la vida atada y bien atada cuanto antes. Con lo que en un promedio de unos 30-35 años ya se debe estar encauzado, y esto en la creencia popular (sin encuestas del CIS ni nada, a pelo) viene normalmente a significar que tengas tu casita, tu coche, tu buena vida matrimonial (con iglesia o sin ella) tus hijos o que vengan en camino, y según se vayan alterando los factores estarás más o menos “perdido” en la vida.
Por tanto, volviendo atrás, te encuentras en plena adolescencia, asumiendo cambios y teniendo que decidir sobre el futuro de tu vida. Como en el juego de los vasitos, adivina donde está la bolita, si lo haces me alegro por ti, sino te tocará ir vagando de aquí para allá, pero la verdad, a veces es mejor encontrar caminos alternativos que seguir los cauces establecidos. Mi consejo es que ante todo no seas un NINI (NI sueñes, NI arriesgues) os lo digo yo con carrera y todo.
P.D: No me malinterpretéis. Estudiar está muy bien. Saber, conocer de todo un poco y MUCHO de lo que tú quieras. Que no todos los futuros requieren de una oficina, que lo importante es lo que tú quieras ser, sea economista u horticultor.